Etiquetas
Tome al cuerv
o por el cuello y colóquelo suavemente sobre su hombro, izquierdo o derecho, el que más le plazca. Aprenda a caminar con el pajarraco apostado ahí, aunque grazne o aletee, ignórelo. Nada lo molestará más que su indiferencia y paulatinamente, lo sosegará.
Evite que se pose sobre su cabeza, nada más desapacible que una persona con un pájaro negro azabache sobre el marote. Tampoco permita que vuele por delante suyo y le marque el camino. El cuervo bien controlado debe permanecer domesticado sobre su hombro.
Aprenda a dominarlo antes de que se convierta en una molestia para usted. Cuando el animal comprenda que nada puede hacer contra su voluntad, desistirá de acecharlo y se alejará sin más remedio que comprender que ha fallado en su sombrío cometido.
Todos tenemos un cuervo. Sepa controlar al suyo.